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miércoles, 9 de enero de 2013

Los viajes a la URSS de dos poetas

César Vallejo

4 de enero de 2013 María Serrano Velázquez. Rusia Hoy
César Vallejo y Miguel Hernández estuvieron en la URSS al principio y finales de los años 30, y fueron capaces de contemplar los avances sociales y culturales de aquel país incipiente. De aquellas vivencias salieron importantes crónicas de viajes y poemas. Vallejo sería testigo presencial del experimento revolucionario. En sus notas al pie del Kremlin afirmaría: “Mi reportaje concierne más a la manera de vivir del proletariado en Rusia, que el desenvolvimiento técnico de la economía soviética”. El poeta español Miguel Hernández, viajó en 1937, en plena guerra civil española en una delegación oficial. Era el V Festival de Teatro Soviético. Su visión optimista del país, movido por sus grandes ideales, marcarían, a partir de aquel período, su obra poética. 
“La razón revolucionaria se halla en Rusia en todas partes”. Cuaderno en mano y como observador incansable de aquel lugar lejano, César Vallejo entrevistó en sus diferentes viajes a la URSS a ciudadanos de todos los orígenes y clases sociales del país.  

Desde artistas a intelectuales, soldados, miembros del Partido Comunista, obreros, campesinos y hasta críticos del sistema. 

Fue a partir de 1928, desde su Perú natal, cuando el escritor latinoamericano se interesó por aquel país lleno de intrigas y esperanzas. Afectado por una grave enfermedad se traslada a restablecerse durante ese verano a Francia gracias a una colecta organizada por el secretario de la Legación del Perú. 

En aquellas largas semanas, estudió con detenimiento el fenómeno social del marxismo Y tras recibir el dinero de la Legación para volver a su país, decidió cambiar la elección. Con ese mismo importe viajó a la Unión Soviética. 

Desde sus crónicas habla de la exaltación obrera. Y pregunta a los trabajadores de las fábricas por el aparato social: “¿Hay mucha vigilancia policial?”. Los obreros contestaban: “No es la policía de lo que hay que cuidarse, sino del pueblo mismo”. 

Sus escritos mostraban la realidad que la Europa Occidental se negaba a reconocer. El control del sistema soviético sobre la población era una presión constante. 

Todas sus experiencias quedarían reflejadas en un primer libro que tituló Reflexiones al Pie del Kremlin, 1931. Pronto se convertiría en uno de los libros más leídos del Madrid Republicano, publicando en menos de cuatro meses tres ediciones sucesivas. 

De aquel primer contacto, Vallejo volvió totalmente entusiasmado ante los avances sociales que se estaban consiguiendo en el país. Gonzalo Santonja, catedrático de la Universidad Complutense de Madrid, destaca que, tras la vuelta de aquel primer viaje a la Unión Sovietica, al que le sucederían dos más, Vallejo se sintió totalmente rehecho. 

“Vio el verdadero ingenio soviético. Una visión muy distinta a su Perú natal, llena de  miseria y diferencias sociales”. 

En sus páginas habla cómo todo trabajador que se acercaba a la Unión Soviética conseguía la ciudadanía automática. Describe la cotidianidad de sus gentes y sus afectos, los rasgos de los hombres inmersos en una patria socialista, las manifestaciones sociales en busca de un cambio y las reflexiones sobre el amor libre y el casamiento. 

En una ocasión César Vallejo preguntaría a una mujer humilde, Ana Virof, de origen ruso y trabajadora de una fábrica con tres hijos, qué diferencia existía entre el amor libre y la pareja casada en la URSS. 
A lo que Virof contestó: “La pareja casada y la unión libre están en el mismo pie de igualdad ante la ley, el Estado y la sociedad”. 

Aquellas afirmaciones no dejarían indiferente el alma burguesa de Vallejo. Después de aquel viaje, se afiliaría al Partido Comunista. El escritor veía en la Unión Soviética la alternativa final al sistema capitalista de la Europa Occidental. 

En enero de 1929, vuelve a emprender el viaje, esta vez junto con su mujer, Georgette Marie Philippart Travers. 

En aquella etapa, sus escritos sobre Rusia sitúan a Vallejo como un referente entre los círculos intelectuales republicanos. 

Reflexiones al pie del Kremlin 1931 supuso “todo un acontecimiento informativo sobre la Unión Soviética. Y marcó un punto y aparte en la España Republicana”, señala Santonja. 

Miguel Hernández en el frente
La fascinación de Miguel Hernández por un país solidario 
En el verano de 1937, el poeta alicantino Miguel Hernández viajó a la Unión Soviética para asistir a la celebración del V Festival de Teatro Soviético de Moscú. 

El Ministerio de Instrucción Pública de la República, ubicado en Valencia, organizó un viaje oficial en el que Hernández participó como figura destacada del panorama literario español. 

Aitor Larrabide, director de la Fundación Cultural Miguel Hernández, destaca que “en el viaje a la URSS,  el poeta tuvo la oportunidad de ponerse al día en las nuevas técnicas dramatúrgicas rusas y de ver in situ la implantación del régimen socialista en el gigantesco país”. 

La agenda fue frenética, tal y como Miguel contó en sus cartas a su mujer Josefina Manresa. 
“No sabes lo que nos hacen trabajar al cabo del día los rusos. Es una gente que no quiere que nos vayamos de aquí sin llevarnos una impresión profunda de todo”. 

Como poeta de trincheras que animaba a los milicianos del frente republicano, la ocasión de visitar al país aliado y solidario con la República le provocó una enorme admiración. 

En sus declaraciones de aquellos días en la Gaceta Literaria de Moscú, Hernández destacaría: “Al regresar a España volveré a las trincheras”. 

Sus principios eran firmes con la causa antifascista, aunque en aquel viaje se presentaría a la sociedad rusa como una nueva promesa literaria. Para los eventos, vestiría un traje azul que no se asemejaba al habitual atuendo del poeta, aunque su rol era el de un intelectual comprometido con su tiempo y con los ideales soviéticos. 

Hernández quedaría impactado por la forma de vida de aquella sociedad  tras su gira por Moscú, Leningrado y Járkov. 

Larrabide señala que “gracias a ese viaje pudo conocer otras realidades y personas, simpatizó con el pueblo ruso, su rico folclore y descansó del fragor bélico”.

Aunque no pudo olvidar la Guerra Civil ni a su familia. Incluso algunos estudiosos, como el investigador e hispanista ruso Vladímir Yansyi, destacan que Hernández “volvió  a su país con esperanzas renovadas y con nuevos proyectos literarios”. 

Su influencia se muestra en poemas como La fábrica ciudad donde describe, sin duda, una visión  idealizada de la industria soviética. Miguel Hernández creía en la URSS como un claro ejemplo a seguir para el pueblo español tras el fin de la guerra. 

Aquellos viajes de realidades y sueños tuvieron para Vallejo y Hernández una importante repercusión en su literatura. La convicción sobre el futuro de la Revolución Rusa sería un importante referente en el ideario de ambos escritores hasta el final de sus días.

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